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Defendiendo Lo Que Crees

 

(Josué 21:45) “No faltó ni una palabra de las buenas promesas que el SEÑOR había hecho a la casa de Israel; todas se cumplieron.”

(Apocalipsis 12:11) “Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte.”

(1 Pedro 3:14-15) “Pero aun si sufrís por causa de la justicia, dichosos sois. Y NO OS AMEDRENTÉIS POR TEMOR A ELLOS NI OS TURBÉIS, sino santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia.”

 

 

¿Sabes por qué crees en el dios, el gurú o la religión que sigues? ¿O incluso por qué no crees en absoluto en un Creador? Es muy importante entender las doctrinas (enseñanzas) que nos llevan a mantenernos firmes en nuestra fe en Dios. La mayoría de nosotros somos movidos a la fe por emociones, experiencias o simplemente por tradición. Incluso aquellos que no creen en Dios no tienen ningún fundamento para su afirmación, mas que su propia experiencia o ignorancia. Dios no deja de existir en base a nuestra opinión, experiencia o entendimiento de quién Él es.

La Biblia nos instruye a que tengamos una respuesta lista para nuestra fe en Jesucristo como el único Dios verdadero y Salvador. Nuestras experiencias, una vez que hemos sido salvos, respaldan su poder y sus promesas, pero no son suficientes si son presentadas por sí solas. Simplemente con decir: “Me cambió la vida” no es suficiente, ya que cualquier drogadicto que fue a un centro de rehabilitación puede afirmar eso y aun así negar a Cristo. Lo mismo ocurre con cualquier persona que se sometió a una cirugía de vida o muerte, un tratamiento psiquiátrico o incluso encontró paz y dirección a través de un gurú, el yoga o la meditación.

Tiene que haber algo que nos distingue entre la paz, el poder y el cambio de vida que otros afirman experimentar y lo que afirman los cristianos. La gran diferencia es La Doctrina, es decir, la Biblia y lo que en ella se nos promete.

Si tu experiencia no está respaldada por verdades Bíblicas, es solo eso, una experiencia y no trae ninguna gloria a Dios. No olvides que Satanás y sus acusaciones contra ti son derrotados por la sangre de Jesús y su poder, tu experiencia personal y tu falta de temor por lo que otros te harán por seguir a Cristo.

Desafortunadamente, a muchos discípulos de Jesucristo no se les ha enseñado correctamente cómo usar la Palabra de Dios para defender su fe o explicar cómo la sangre de Jesús nos salva. Nunca tendrás todas las respuestas, y Dios tampoco espera que las tengas. Sin embargo, si no puedes mostrar en la Palabra de Dios las enseñanzas básicas de tu fe en Cristo, entonces todavía estás siguiendo a Cristo basado en algún tipo de milagro o emoción. Todas las religiones tienen milagros, emociones y un cambio de estilo de vida.

¿Qué hace que tu fe sea la única verdadera? Es la Palabra infalible de Dios!

 


Dios hace lo que dice en la Biblia, y la Biblia dice lo que Dios ya ha hecho, sigue haciendo y hará en el futuro…. Este es el fundamento de nuestra fe y hay que saber cómo defenderlo.

 


Oraciones

• Padre Celestial, Tú eres Dios que da a los desolados, un hogar para habitar. Dios, Tú provees de Tu bondad a los pobres. Tú eres el Señor que tiene compasión de Su siervo.
• Gracias porque el Cielo y la Tierra dejaran de existir, pero Tu Palabra nunca cesara.
• Gracias porque podemos mantenernos firmes en Tu Palabra y reclamarla como Verdad absoluta.
• Gracias porque el tiempo ha demostrado que Jesús es el Mesías y muchos lo han experimentado personalmente.
• Perdónanos por no tomarnos el tiempo de estudiar Tu Palabra para respaldar nuestros sentimientos y experiencias.
• Te pedimos que aprendamos a usar Tu Palabra, junto con nuestro testimonio, para derribar toda acusación en contra nuestra.
• Declaramos que por el poder de la sangre de Jesús, todo plan del enemigo contra nosotros es cancelado hoy.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén

 

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