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¿Llevas Al Diablo A Cuestas?

https://youtu.be/vifYF6SBKCY

 

(Romanos 7:15) “Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago.

(Romanos 7:18-21) “Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. Y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley de que el mal está presente en mí.”

(Romanos 8:1) “Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu.”

(Lucas 10:17) “Los setenta regresaron con gozo, diciendo: “Señor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre.”

 


El apóstol Pablo luchó contra una debilidad que es común a toda la humanidad. Confesó que constantemente cometía errores y no hacía lo necesario para vivir una vida piadosa. Admitió que sabía lo que es correcto, pero aun así acababa haciendo lo que odia. E incluso cuando sabía lo que está mal, acababa haciéndolo de todas formas. Estaba tan destrozado por dentro que realmente creía que el mal vivía dentro de él y constantemente se condenaba a sí mismo por su debilidad en guardar los mandamientos de Dios. Concluyó que sólo mediante la muerte podría ser liberado de esta constante debilidad.

¿Te suena de algo? Es casi como llevar al diablo a cuestas constantemente obligándote a decir cosas que hacen daño, quejarte de todos, confesar pensamientos negativos sobre ti mismo, nunca avanzar en la fe debido a tus fracasos pasados, tener mal genio e irritarte con facilidad. Este tipo de carácter es peligroso, ya que puede llevar a la depresión, la auto condena y pensamientos para lastimarte a tí mismo. Pero el verdadero peligro es tener una percepción equivocada del amor de Dios y de lo que Él piensa de ti.

Pero más adelante en el capítulo 8 de Romanos, Pablo concluye que aquellos que han aceptado a Jesucristo ya no están bajo ninguna condenación, por lo tanto, no podemos tener nada contra nosotros mismos si Dios no lo va a tener contra nosotros. Estamos seguros de que aunque nuestro cuerpo sea débil ante el pecado, nuestra mente es fuerte en Dios y nos dará la victoria sobre nuestra debilidad carnal.

Dios nos ha dado la autoridad para que nuestro cuerpo se someta a nuestro espíritu. Es simplemente decidir entre rechazar lo que tu cuerpo y tu mente pecaminosa están deseando o vivir cada día a través del espíritu.


Maldecirte a ti mismo por tus debilidades solo empeorará las cosas y nunca podrás amar a Dios y estar en paz con Él. Así es exactamente como el diablo quiere que te sientas a diario para que pierdas todo tipo de autoridad espiritual y no encuentres descanso para tu alma.

 

 

Satanás teme de lo que eres capaz de hacer si comienzas a atar demonios en el nombre de Jesús y a declararte como un hijo de Dios.

 

 

Oraciones

• Padre Celestial, Tú eres Jehová Nissi, nuestro Estandarte en Batalla, Jehová Heleyon, Dios Altísimo, y Jehová Rohi, mi Pastor.
• Gracias Padre por ser un Dios quien comprende nuestras luchas contra el pecado y no nos ves como un caso perdido.
• Gracias porque en el nombre de Jesús tenemos el poder de echar fuera todos los espíritus que nos atormentan y tratan de derribarnos.
• Perdónanos por ser débiles en nuestra carne y aún desear las cosas que no te agradan.
• Perdónanos por pensar que no nos perdonarás y que estás enojado con nosotros por nuestra debilidad.
• Nos mantenemos firmes en tu Palabra hoy y rechazamos toda palabra de condenación que hemos pronunciado contra nosotros mismos. También rechazamos cualquier palabra negativa pronunciada por cualquier otra persona contra nosotros.
• Confesamos que Tú has perdonado todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros y que no estamos bajo ninguna condenación.
• Ayúdanos a vivir libres de la opresión del diablo y a ayudar a otros a ser liberados.

• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén

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