(1 Pedro 4:8-10) “Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados. Sed hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones. Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”
(Romanos 5:8) “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
¿Has oido la canción “When a Man Loves a Woman” de Michael Bolton, que traducido quiere decir, “cuando un hombre ama a una mujer”? Si alguna vez has estado profundamente enamorado, te sentirás reflejado en esta canción y entenderás cómo el amor “cubre una multitud de pecados”. Una de las letras dice: “Aunque ella sea mala persona, el no lo ve, ella no se puede equivocar, incluso le dará la espalda a su mejor amigo si él la menosprecia”. Seguro que todos hemos estado bajo el encantamiento de este hechizo de amor en un momento u otro de nuestras vidas.
Pero a medida que pasa el tiempo, y el encanto del enamoramiento comienza a desvanecerse, este amor apasionado e incondicional también lo hace. De repente, el ligero ruido que hace al masticar ya no es tan mono, sino un gran zumbido en tu cabeza. La incapacidad de poder usar el mando a distancia ya no es algo normal, sino un síntoma de mera pereza por querer aprender.
El café servido un poco tibio o soso ya no es un error inocente, sino una señal de que le molesta preparártelo. Y la forma en que la casa sigue siendo un desastre durante días, debido a que ella está muy ocupada con los niños, ahora es una falta de capacidad para administrar el tiempo y un reflejo de la falta de cómo sus padres la educaron.
Me alegro de que el amor que Dios tiene por nosotros nunca mengua, y que su misericordia se renueva cada mañana. Esto es lo bello de amar a alguien con total sinceridad. No importa cuánto fracasen, como te lastimen, cuántas veces se equivoquen, aún sigues pasando por alto sus errores a través de los ojos del amor. Este es el amor que viene de lo alto.
Nos precipitamos en juzgar a los demás y cómodos teniendo un doble rasero. Cuando somos nosotros quienes nos arriesgamos, somos valientes, mientras que si otros lo hacen, son unos descuidados. Cuando vestimos bien, tenemos buen gusto, mientras que otros son extravagantes. Cuando somos mansos y dulces, somos amables, mientras que otros son unos débiles. Cuando evitamos a alguien y no da mala espina, tenemos buen discernimiento de carácter, mientras que si otros lo hacen, tienen prejuicios… etc.
Ahora que sabes cómo Dios te sigue amando pase lo que pase, es hora de empezar a amar a los demás del mismo modo, ser hospitalario y servir sin quejarse, y darles la gracia que Dios ya te ha dado y te sigue mostrando a diario.
Recuerda que Cristo murió por ti en la cruz incluso antes de que te arrepintieras de tus caminos pecaminosos, cuando aun seguías disfrutando de tus pecados, e incluso pensabas estabas en tu derecho a hacerlo.
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres el Dios que llama a la existencia las cosas que no existen, que nos llama por nuestro nombre, El que nunca miente.
• Perdónanos Señor por tener un doble rasero. Por no tener compasión, amor y misericordia por los demás como Tú la tienes por nosotros.
• Necesitamos Tu ayuda y Tu amor para ser transformados desde adentro.
• Gracias por amarnos y enviar a Jesús a la Cruz mientras aun estábamos sumergidos en nuestros pecados y rebelión. No te fijaste en nuestros constantes fracasos, pero los cubriste con tu amor.
• Queremos poder amar, servir y ser hospitalarios con los demás sin quejarnos.
• Atamos y reprendemos al espíritu de crítica hacia los demás.
• Te agradecemos una vez más que Tu amor cubre todos nuestros pecados, y que cuando nos miras, ya no nos ves nuestra naturaleza pecaminosa, sino que ves a Jesús.
•
• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén