(2 Timoteo 2:24-26) “Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad, y volviendo en sí, escapen del lazo del diablo, habiendo estado cautivos de él para hacer su voluntad.”
(Santiago 3:16-17) “Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida.”
Hay aquellos que siempre están causando problemas, hablando negativamente y convirtiendo cada discusión civilizada en una pelea. Tú ya sabes a quiénes me refiero. Cada vez que aparecen, comienzas a perder tu paz por culpa de sus chismes, las quejas y las opiniones extremas. Su tono de voz suele ser más alto de lo necesario e intimidante, como un “bully” o acosador que necesita hacer notar su presencia. Tal vez tú seas uno de ellos.
Este tipo de personalidad no representa a Cristo y no refleja el hecho de que estás conectado con Dios de ninguna manera. No importa cuánto estés en desacuerdo con alguien, incluso si es dentro de la familia de Dios acerca de una interpretación en particular de un versículo, el amor de Dios por ambos anula quién debe llevar la razón. Si cuestionan tu fe usando insultos, se supone que debes responder con amabilidad y mostrar la compasión que Cristo tuvo por nosotros cuando estábamos en rebelión.
Tu reacción hacia la conversación determinará el resultado. A veces es mejor no responder o corregir a esa persona, ya que solo crea más conflicto. O echas más leña al fuego y empeoras las cosas, o respondes con suavidad y con el poder del Espíritu Santo. Recuerda que la sabiduría que recibes de parte de Dios es pura y pacífica, no la adulteres agregando tus sentimientos.
Mientras entrenaba para el ministerio, viví dentro de las instalaciones de la iglesia durante algunos años. Teníamos que recibir a todos los que venían a pasar un tiempo en la iglesia durante las horas en que no teníamos cultos. Pero a veces venían muchos hermanos chismosos y se ponían a hablar de cosas que no beneficiaban a nadie. Esto me hizo sentir muy incómodo ya que estaba dividido entre ser un buen anfitrión y tratar de no ser afectado por las cosas negativas que no paraban de repetir.
Mi pastor me sugirió que comenzara a leer la Biblia con ellos y dirigiera la conversación para traer le la gloria a Dios. Es justo lo que empecé a hacer. Con el tiempo, comenzaron a cambiar el tono y el carácter de las conversaciones, y todos crecimos en el conocimiento de Cristo y el amor mutuo.
Si verdaderamente estás caminando en el Espíritu, no te entrometerás con gente tan contenciosa, ni te sentirás cómodo entre ellos, ni prestarás atención a sus chismes.
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres el Dios que me engendró, que me ve y se aparece a Su pueblo.
• Te agradecemos por la sabiduría de Tu Palabra y por cómo nos corriges con amor y compasión.
• Perdónanos por enorgullecernos de nuestro conocimiento de Ti o de nuestras habilidades intelectuales. Perdónanos por preocuparnos más por tener la razón, que por mantener la paz.
• Queremos representar Tu sabiduría y Tu Espíritu aquí en la tierra.
• Te pedimos que cada vez que nos enfrentemos a personas contenciosas, nos des la sabiduría sobre cómo reaccionar. Que nuestras palabras sean las del Espíritu Santo en cada situación.
• Te pedimos sanidad en nuestras emociones por experiencias negativas del pasado.
• Declaramos que a partir de este día ya no seremos parte del problema, sino que seremos la solución a través del Amor de Cristo.
• Ayúdanos a no discutir, sino a ser amables con todos, dóciles, dispuestos a sufrir el mal y pacíficos al refutar a los nos oponen.
• Te lo pedimos en el Nombre Poderoso de Jesús. Amén