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Sostener Unos A Otros

https://youtu.be/kEruk4pK3q4

 

(Gálatas 6:1-2) “Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”

(Filipenses 2:3-4) “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.”

 

En esta sociedad competitiva, se nos enseña a ser el mejor, obtener lo máximo posible y llegar primero a la meta sin importar lo que te cueste o sacrifiques. Para llegar allí, tendrás que ignorar a los débiles, a los que lastimas por el camino, a los que dejas atrás y a los que engañas o mientes. Este es el verdadero precio a pagar si quieres el éxito según el mundo. Si hablas con alguien que haya usado esta estrategia para triunfar en la vida y llegar a la cima, todos estarán de acuerdo en una cosa… “Tu único amigo de verdad es la soledad”.

Claro, es posible que tengas amistades, la fama y los placeres que el dinero puede comprar, pero nunca podrás sentirte realmente amado, ya que habrías perdido el carácter de compasión y amor necesario para tener amigos cercanos o una familia que de verdad te ame tal como eres.

La Biblia nos enseña que tenemos que correr la carrera de la vida con paciencia, pensando primero en los demás y llevando sus cargas. A Dios no le importa si llegas allí primero, pero siempre y cuando lo hagas a través de los medios correctos. La vida cristiana no es una carrera de 100 m, sino una maratón. A Dios no le impresiona el volumen de tus músculos, sino por cuanto tiempo puedes cargar con los problemas y dolor de los demás.

¿Cuándo fue la última vez que te quedaste despierto por la noche intercediendo en oración por las necesidades de los demás? ¿La última vez que no le corregiste a alguien a pesar de que sabías que tenías razón? ¿La última vez que no intentaste tener la última palabra en una discusión? ¿La última vez que ayudaste a un hermano a luchar contra un pecado en vez de condenarlo? ¿O la última vez que le diste limosna a un mendigo, sabiendo muy bien que no pide dinero para comida sino para alcohol?

Cristo es nuestro ejemplo de la verdadera compasión y paciencia necesaria con un pueblo que carecía de amor por los enfermos, un pueblo que era duro con los rechazados y, de hecho, ponían cargas religiosas sobre los más inocentes, que ellos mismos no podían llevar. Él cargó con los pecados del mundo cuando moría en la cruz. Mientras lo insultaban y lo maldecían, lo único que hizo fue pedirle a Dios que los perdonara, ya que no sabían a quién estaban crucificando.

 

Dios no se preocupa por tu velocidad en llegar a la meta, sino por cuantas veces te detuviste para ayudar a otros.

 

Oraciones

• Padre Celestial, Tú eres el Señor que me guardará de todo mal. El Señor que guardará mi alma. El Señor que guardará mi salida y mi entrada desde ahora y para siempre.
• Gracias por tener compasión de nosotros y por no desampararnos cuando caemos. Gracias por ayudarnos a levantarnos sin condenarnos.
• Perdónanos por no mostrar la misma compasión por otros que aún luchan contra algún tipo de pecado o tentación. Danos la estrategia para ayudarlos y el corazón para orar por ellos.
• Queremos ser usados por ti para los que sufren y están en necesidad. No neguemos la ayuda cuando la pidan, ni demos la espalda a los necesitados.
• Queremos cumplir la ley del Mesías llevando las cargas de los demás.
• Enséñanos a usar nuestras palabras para exaltar a los demás por encima de nosotros mismos y hacerlos brillar.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén.

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