(1 Crónicas 14:2) “Y entendió David que El Señor lo había confirmado por rey sobre Israel, y que había exaltado su reino sobre su pueblo Israel.”
(vs 11) “Subieron pues a Baal-perazim, y allí los hirió David. Dijo luego David: ‘Dios rompió mis enemigos por mi mano, como se rompen las aguas’. Por esto llamaron el nombre de aquel lugar Baal-perazim.”
(vs 14-15) “David volvió a consultar a Dios, y Dios le dijo: ‘No subas tras ellos, sino rodéalos, para venir a ellos por delante de los árboles de moras. Y así que oigas venir un estruendo por las copas de los árboles de moras, sal luego a la batalla; porque Dios saldrá delante de ti, y herirá el ejército de los filisteos.’”
Cada vez que nos enfrentamos a una prueba en la vida, parece que nos olvidamos fácilmente de lo lejos que hemos llegado. Olvidamos cómo Dios nos ha enseñado, guiado, fortalecido y respondido a nuestras oraciones. Olvidamos lo que Dios ha dicho sobre nosotros en la Biblia y todo el poder espiritual y la autoridad que se nos ha dado a través del nombre de Jesús. Incluso si tardaste demasiado en tomarte tu caminar con Dios en serio, hay mucho que ya has logrado en la vida solo por hacer lo correcto y no darte por vencido cuando las cosas se pusieron difíciles.
El rey David estaba frente a un oponente muy fuerte y, en primer lugar, tuvo que traer a memoria y declarar sobre sí mismo quién era en Dios y para qué lo había elegido. No era cualquier líder o rey, era el rey ungido y escogido para Israel, el pueblo de Dios. Dios lo fortaleció para matar un león con sus propias manos y para derrotar a Goliat con solo una honda y una piedra.
En Segundo lugar, David hizo su parte como rey y fue a la batalla venciendo al enemigo y luego dándole toda la gloria a Dios. David reconoció el milagro de Dios y cómo Dios lo usó para lograr la victoria. Este reconocimiento no fue solo personal, sino que públicamente nombró ese lugar para recordar a todos lo que Dios había hecho.
Y finalmente, en lugar de dar por sentado a Dios, y pensar que podía enfrentarse al siguiente reto sin Dios, o que Dios repetiría el mismo milagro, esperó y pidió consejo a Dios antes de la próxima batalla. En la primera batalla, David tuvo que pelear, pero en la segunda, Dios se adelantó y destruyó al enemigo por él. Al pedirle primero consejo a Dios, David se ahorró mucho tiempo, sudor y sufrimiento.
Hay tanto que podemos aprender de esta actitud de David de depender completamente de Dios y de Su voz. Necesitamos estar en constante comunicación con El y sometidos a Su voluntad si queremos vencer todos los obstáculos. Necesitamos recordar todas nuestras victorias pasadas y testificar de cada una de ellas. No se trata de hacer algo por hacer lo, sino de hacer exactamente lo que Dios te está instruyendo que hagas.
No puedes hacer la parte que le corresponde a Dios en tu milagro, y Él seguro que no hará la tuya. Por lo tanto, es tiempo de que empieces a moverte si quieres obtener la victoria.
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres Dios Todopoderoso. Dios que tiene dominio sobre la braveza del mar. El único Dios verdadero. El único Dios sabio. Te alabamos.
• Gracias, Padre, por ir delante de nosotros y vencer al enemigo.
• Gracias, por fortalecernos para la batalla y darnos la victoria.
• Perdónanos por temer al fracaso y no acordarnos de cómo nos has ayudado en el pasado.
• Perdónanos por darte por sentado y no esperar Tus instrucciones.
• Danos hoy la sabiduría que tuvo David para esperar en Ti y obedecer Tu voz.
• Declaramos que venceremos cada obstáculo al cual nos enfrentamos y que daremos testimonio de cómo nos has librado.
• Todos verán como avanzamos para la gloria de Tu nombre.
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• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén