(Génesis 3:9-13) “Y el SEÑOR Dios llamó al hombre, y le dijo: ‘¿Dónde estás?’ Y él respondió: ‘Te oí en el huerto, y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí.’”
“Y Dios le dijo: ‘¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieras?’ Y el hombre respondió: ‘La mujer que tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.’ Entonces el SEÑOR Dios dijo a la mujer: ‘¿Qué es esto que has hecho?’ Y la mujer respondió: ‘La serpiente me engañó, y yo comí.’”
(Génesis 4:8-9) “Y Caín dijo a su hermano Abel: ‘vayamos al campo.’ Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató. Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ‘¿Dónde está tu hermano Abel?’ Y él respondió: ‘No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?’”
Cuando Dios le preguntó a Adán: “¿Dónde estás?” no era que Dios no supiera dónde estaba Adán, sino que quería que Adán admitiera en qué estado espiritual y emocional se encontraba en ese momento. Adán acababa de quebrantar la única ley de Dios y ahora tenía vergüenza y miedo de enfrentarse a Dios. ¿Te has sentido alguna vez así? Dios no se enoja tanto cuando pecamos, sino más bien, cuando no admitimos nuestra culpa y creemos que no tenemos la necesidad de arrepentirnos.
Lo primero que hizo Adán fue esconderse, y luego, cuando se dio cuenta de que no podía esconderse de Dios, le culpó a Eva. En realidad, Adán también le culpo a Dios por haber creado a Eva, quien lo animó a romper la ley de Dios. Y cuando Eva fue interrogada, esta, le culpó al diablo. Así es justo como actuamos cuando ignoramos las consecuencias de nuestra rebelión y errores. Culpamos a los demás y a Dios, pero seguimos escondiéndonos tras lo que haga falta con tal de no admitir nuestra culpa.
Cuando Caín mató a su hermano Abel, Dios le preguntó a Caín si sabía dónde estaba su hermano. Dios ya sabía lo que había sucedido, pero quería darle a Caín la oportunidad de confesar y enfrentarse a su pecado. Sin embargo, Caín prefirió ignorar la invitación de Dios y le respondió a Dios de mala manera. Dios tuvo que desterrar a Caín, al igual que con Adán y Eva.
En esta era moderna, en la cual ser transparente y honesto no solo es peligroso sino razón de burla, nos hemos acostumbrado a escondernos tras sonrisas falsas, burlas y el sarcasmo. Pero por mucho que finjamos en las redes sociales, con nuestra familia y amigos, no podemos fingir con Dios. Él ve tu vergüenza, tu remordimiento y tu dolor. Pero en vez de condenarte, Él quiere perdonarte y revestirte de justicia por medio de Jesucristo.
Lo peor de constantemente ser falso es que puedes acabar creyéndote tus propias mentiras y que no necesitas a Dios en tu vida, que no necesitas cambiar, que eres una buena persona, y que Dios tiene que aceptarte por tus buenas acciones.
Cuanto antes dejes de esconderte, antes Dios podrá sanar tus emociones, eliminar el pecado que te está destruyendo y hacerte un candidato para entrar al cielo.
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres Mi cuerno, Me has exaltado como un toro salvaje. El que me pone en lugares altos. El Señor que me sostiene.
• Gracias Padre porque no hay lugar donde esconderse de Tu amor y el deseo de perdonarnos.
• Gracias porque no importa cuán oscuros sean nuestros pecados, Tú nos limpiarás.
• Gracias porque siempre tenemos la oportunidad de admitir nuestras faltas y ser restaurados a Ti a través de Jesús.
• Perdónanos por ocultar nuestras faltas y culpar a otros por nuestras decisiones.
• Perdónanos por no estar dispuestos a admitir que nos hemos alejado de Tu amor.
• Danos el valor para reconocer nuestra situación actual y regresar a Ti.
• Declaramos que somos amados y aceptados por Ti.
• Pedimos el denuedo para hacer los cambios en nuestra vida necesarios para caminar con todos en honestidad.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén