(1 Pedro 5:7) “echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.”
(Nahúm 1:7) “Bueno es el SEÑOR, una fortaleza en el día de la angustia, y conoce a los que en Él se refugian.
A veces, olvidamos que Dios no se cansa y no necesita echarse una siesta. Nos olvidamos de que Él es capaz de encargarse de todo lo que le lanzamos. No se llevará las manos a la cabeza en estado de shock por lo que hacemos, ni se confunde sobre cómo sacarnos de nuestra situación. Tú y yo podríamos pensar que lo estamos molestando con nuestros problemas insignificantes, pero en realidad, al hacerlo partícipe de cada área de nuestra vida, lo honramos.
Dios no nos creó para luego dejarnos a nuestra propia suerte y esperar que nos hagamos, con el tiempo, lo suficientemente espirituales como para conocerlo. Él nos creó para tener una relación personal con nosotros, ser lo más importante en nuestras vidas y disfrutar de esa comunión.
Cuando Jesús dice, “echad” vuestras preocupaciones sobre Él, habla en serio conforme a la palabra “echad”. Él no está diciendo que venga y lo ponga suavemente a Sus pies en reverencia con rituales y ceremonias religiosas. Simplemente dice que literalmente te lo quites de la espalda y lo arrojes hacia él con fuerza como lo harías con una lanza o una pelota de béisbol. No te preocupes, Él puede con todo y no se lo tomara a pecho.
En su libro “Él aún mueve piedras”, Max Lucado escribe: “Lo que te importa a ti, le importa a Dios. Probablemente pienses que eso es cierto solo cuando se trata de cosas importantes, como la muerte, la enfermedad, el pecado y el desastre. Pero, ¿Qué pasa con las cosas más insignificantes? ¿Una rueda pinchada o un perro extraviado? ¿Platos rotos, vuelos atrasados, dolores de muela o discos duros rotos? ¿Le importan a Dios? Me refiero a que Él tiene un universo que dirigir y presidentes y reyes que vigilar. Él tiene guerras de las que preocuparse y hambrunas que solucionar.”
“¿Quién soy yo para contarle acerca de mi callo en el pie? ¡Me alegro de que lo preguntes! Déjame decirte quién eres: eres Su hijo, y por lo tanto, si algo es importante para ti, es importante para El.”
Prueba hacer lo siguiente: escribe en una hoja todos tus problemas. Y me refiero a todos, no importa lo estúpidos que te parezcan. Luego pon tu mano sobre la hoja y di: “Jesús, según tu mandamiento, echo estas preocupaciones sobre ti y así declaro que tengo la fe necesaria para que ya no me molesten más”. Luego rompe la hoja en pedacitos y tíralo a la basura. Hazlo tan a menudo como sea necesario y observaras cómo uno por uno se resuelven todos tus problemas.
Al no entender quién es realmente Jesús y lo que quiere hacer por nosotros, no podemos darle ni el respeto como a un Padre que realmente se preocupa, ni la autoridad completa sobre nosotros como Creador.
Oraciones
• Padre Celestial, en Ti mi transgresión es perdonada. Mi pecado está cubierto. Señor Tú no imputas la iniquidad mía.
• Gracias Padre, que no hay nada en nuestras vidas que sea demasiado insignificante para compartir contigo.
• Gracias porque ninguno de nuestros problemas será demasiado grande para que los resuelvas.
• Perdónanos por no correr primero hacia Ti por culpa de nuestro orgullo.
• Perdónanos por simplemente no confiar en que te complaces cuando acudimos a ti con nuestros problemas.
• Te presentamos cada problema hoy por fe y declaramos que pronto tendremos un testimonio para cada uno de ellos.
• Declaramos que Tú eres nuestro refugio en tiempos de angustia.
• Queremos ser aquellos a quien que Tú reconoces como los que confían en Ti.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén