(2 Corintios 9:10) “Y el que da simiente al que siembra, también dará pan para comer, y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los crecimientos de los frutos de vuestra justicia;”
(Génesis 1:11-12) “Y dijo Dios: Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semilla, y árboles frutales que den fruto sobre la tierra según su género, con su semilla en él. Y fue así. Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles que dan fruto con su semilla en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.”
Nos hemos enfocado tanto en la cosecha, los frutos y las ganancias que nos hemos olvidado del origen de las semillas. Debes haber oído el dicho “Dale un pez a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá toda su vida”. Dios es quien multiplica nuestro esfuerzo y hace prosperar todo lo que nuestras manos tocan. Pero parece que nos olvidamos de que es Él primero, quien nos da las semillas que debemos sembrar para tener la abundancia que perseguimos.
Dios no solo nos da las semillas para sembrar, sino que nos dice dónde sembrarlas, cuándo sembrarlas y qué producirán. Él levanta a aquellos quienes nos apoyaran para lograr nuestro destino divino. Él pone favor en los corazones de las personas hacia nosotros para que recibamos incluso antes de pedir. Él endereza todos los caminos torcidos cuando le reconocemos en todo lo que hacemos. Él se encarga de todo por nosotros para que solo nos preocupemos de obedecerle y seguirle de cerca.
Dios puede darnos abundancia, sanidad y autoridad espiritual en un abrir y cerrar de ojos, pero Él quiere que pongamos nuestra fe en acción y Sus enseñanzas en práctica bajo obediencia. Lo único por lo que no tenemos que trabajar es por la salvación, ya que este es un regalo de Dios para aquellos que se entregan a Cristo y se arrepienten de sus pecados.
El primer mandamiento que Dios le dio a Adán fue trabajar y cuidar el jardín, ordenó a Adán y Eva que procrearan y llenaran la tierra, y ordenó que cada semilla diera fruto según su propio género.
Parece que olvidamos que nuestro Dios es un Dios de multiplicación. Le encanta tomar lo que esté disponible y multiplicarlo para su gloria. Los cinco peces y los dos panes alimentaron a cinco mil, la viuda que ofreció su última comida al profeta nunca paso más hambre, y cuando Abraham obedeció y ofreció a su único hijo a Dios, Dios le convirtió a Abraham como padre espiritual de todos los creyentes. Ana entregó a su único hijo, Samuel, al templo y Dios le usó para nombrar al primer rey de Israel y luego al Rey David.
Si lo único que tienes para darle a Dios es tu voz, o tus talentos, tus diezmos, tu tiempo de oración, eso es todo lo que Él necesita. Comienza con lo que tienes y cuando veas el retorno de tu inversión, le darás a Dios de verdad todo lo que tienes y todo lo que puedas soñar tener.
Es hora de dejar de perseguir solo los frutos y comenzar a sembrar las semillas que Dios ya nos ha dado. Cualquiera puede contar las semillas dentro de una manzana, pero solo Dios sabe cuántas manzanas producirá una sola semilla.
Oraciones
• Padre, Tú eres el que nos llevó en alas de águila, el quebrantador, el Señor que lucha por mí.
• Gracias, Padre, que suples todas nuestras necesidades y todo lo necesario para que podamos abastecernos a nosotros mismos.
• Perdónanos por perseguir solo los frutos en lugar de usar las semillas que nos proporcionas.
• Entregamos todo lo que tenemos y todo lo que podemos hacer a Tu servicio y por Tu propósito divino.
• Enséñanos a plantar semillas en tierra fértil.
• Orientarnos sobre adónde ir y con quién hablar para producir más semilla.
• Declaramos que Aquel que da semilla al labrador y pan para comer, también nos dará semilla y la multiplicará y aumentará la cosecha que resulta de nuestra justicia.
• Declaramos que nuestro Dios suplirá todas nuestras necesidades conforme a Sus riquezas en gloria en el Mesías.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén