(Éxodo 34:29) “Y aconteció, que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, mientras descendía del monte, no sabía él que la tez de su rostro resplandecía, después que hubo con Él hablado.”
(Isaías 6:5) “Entonces dije: ‘¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, El Señor de los ejércitos.’”
(Salmos 22:3) “Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel.”
(Marcos 1:2-3) “Como está escrito en los profetas: ‘He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor: Enderezad sus sendas.'”
¿Te puedes imaginar lo que Moisés sintió mientras estaba de pie delante de la gloria de Dios? Había absorbido tal cantidad de esa gloria que su rostro brillaba tanto que tuvieron que cubrirlo con un velo. ¿Te imaginas lo que sintió Isaías después de confesar que había visto al Señor de los Ejércitos Celestiales? Estaba quebrantado porque se dio cuenta de cómo había pecado con sus palabras. No hace falta que nos lo imaginemos. Jesús ya nos ha dado la gloria que recibió de Dios para que también tengamos tales experiencias.
Cuando estamos en Su presencia y Su gloria, recibimos sanidad emocional, espiritual y física. Las cadenas de las adicciones se rompen y podemos ver verdaderamente dónde hemos fallado para que podamos traer un cambio a nuestras vidas.
¿Cuándo fue la última vez que estuviste en adoración y rompiste a llorar? ¿Cuándo fue la última vez que estuviste tan sumergido en la presencia de Dios que las horas pasaron sin que dieses cuenta? Si todo esto te suena extraño o un recuerdo lejano, entonces necesitas regresar a un tiempo de adoración.
Cuando adoramos y alabamos el nombre de Jesús, en realidad lo estamos declarando como nuestro Rey. En ese momento Él es todo lo que importa, y todos nuestros miedos, vergüenzas e inseguridades se desvanecen. Es en el tiempo de adoración que preparamos un lugar de honor para Jesús tanto dentro de nuestros corazones como dentro del culto. Al adorar, hacemos lo que hizo Juan el Bautista. El preparó el camino para que el Señor fuera recibido por todos los que tenían hambre de Jesús.
El grupo de alabanza nos ayuda a preparar nuestro corazón y endereza los caminos para recibir la Palabra (Jesús). Solo entonces somos transformados a través de la predicación, ya que hemos estado en Su gloria, hemos sido liberados de los problemas de la vida cotidiana y Le hemos puesto a Jesús en el trono de nuestros corazones. Si nunca has experimentado Su gloria, levanta ahora tus manos hacia el cielo, comienza a adorar a Jesús y mira como sucede el milagro.
Cuando adoramos, nos unimos a la Creación y a los Ángeles que continuamente adoran a nuestro Creador día y noche.
Oraciones
• Jesús, Tú eres Cristo, nuestro intercesor, Dios Maravilloso, el único que hace grandes maravillas.
• Gracias por darnos la gloria del Padre.
• Gracias porque cuando estamos en Tu presencia somos transformados y vamos de gloria en gloria.
• Perdónanos por no buscar Tu presencia o desear experimentar la gloria que nos has dado.
• Enséñanos a adorarte a Ti, y sólo a Ti, Jesús.
• Al igual que Isaías, muéstranos dónde hemos fallado para que podamos arrepentirnos y cambiar.
• Te entregamos nuestros corazones una vez más y te pedimos que tomes tu lugar.
• Mientras adoramos, construye Tu trono y permítenos darte todo el honor y la alabanza.
• Ayúdanos a preparar el camino para que Tu Palabra entre en nuestro corazón y nos transforme.
• Al igual que Moisés, queremos que las personas vean Tu gloria cuando nos vean.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén