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(Lucas 7:13) “Al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: ‘No llores.’“
(Marcos 1:41) “Movido a compasión, extendiendo Jesús la mano, lo tocó, y le dijo: ‘Quiero; sé limpio.’”
(Mateo 9:36) “Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor.”
(Isaías 42:3) “No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo mortecino; con fidelidad traerá justicia.”
¿Cómo sueles reaccionar cuando ves a una persona sin techo mendigando en la calle? ¿Crees que son una carga para la sociedad o les das algo, siendo consciente de que probablemente lo usarán para el alcohol y que la mayoría de ellos están en esta situación por decisión propia? Soy consciente de que esto no es cierto para los países del tercer mundo donde la sobrepoblación, la corrupción política y la segregación social no les dan opciones para salir de la pobreza.
La gran mayoría de nosotros nos hemos vuelto inmunes al sufrimiento que nos rodea. La cantidad de maldad a la que estamos expuestos a través de la televisión y las redes sociales ha endurecido nuestros corazones. Piénsalo. ¿Has notado cómo te has vuelto inmune a la cantidad de muertes por Covid, a pesar de que el número parecía aumentar a diario? Inmune a las miles de familias que tienen que hacer cola a diario durante horas para conseguir algo de comida gratis. Lo hemos aceptado como parte de la vida y ya no nos conmueve la compasión por quienes están en situaciones difíciles por culpa de la inflación.
Personalmente, admito que lloro cuando un perro muere en una película o se lastima, pero hace años que no me afecta ver a otro ser humano sufrir físicamente en una película. Tomemos conciencia de esta falta de compasión y pidamos a Dios que nos cambie hoy.
Sin compasión por los que sufren, nunca moverás un dedo, nunca darás lo que puedas dar y nunca usarás las armas que Dios te ha dado para liberar a los cautivos. ¿Imagínate por un instante si Cristo hubiese actuado sin compasión cuando estuvo en la tierra? Los ciegos no verían, los cojos no caminarían y los leprosos no se curarían, los sordos no oirían, los muertos seguirían muertos y las buenas nuevas no se predicarían a los pobres. Jesús no quebró la caña cascada. Él no nos abandonó en nuestro sufrimiento, sabiendo que la mayoría de nosotros acarreamos estos problemas a través del pecado en nuestras vidas.
Lo que le movía, era la compasión por los perdidos y los heridos sin importar por qué estaban en esa situación. Tú y yo necesitamos recibir el mismo corazón compasivo. Solo entonces nos atreveremos a orar por alguien y sanarlo, enviar ofrendas a los ministerios que lo necesitan, pasar horas de rodillas intercediendo por nuestros familiares y amigos perdidos, y permitir que Dios use nuestras vidas para traer esperanza a este mundo oscuro y malvado.
(“Tu vida es como una moneda; puedes gastarla de la forma que quieras, pero solo puedes gastarla una sola vez”. – Bob Gass)
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres el que levanta los príncipes de la nada, el Rey por los siglos de los siglos, Mi Rey, y Rey de los cielos.
• Te damos gracias por Tu compasión y Tu misericordia que son renovadas cada mañana.
• Gracias porque, a pesar de nuestra rebelión contra Ti, aún recibimos una lluvia de bendiciones y amor.
• Es por Tu compasión que seguimos vivos y prosperando.
• Gracias por enviar a Jesús a la cruz para pagar por nuestros pecados.
• Perdónanos por no tener misericordia de los demás y no preocuparnos por lo que les sucede.
• Pedimos un cambio de corazón y cancelamos cada imagen en nuestra mente que nos insensibiliza ante el dolor y el sufrimiento que nos rodea.
• Danos sabiduría para elegir lo que vemos y escuchamos para que no nos enfriemos ante el sufrimiento de las personas.
• Pedimos que seamos como Jesús y extendamos nuestra mano para dar, sanar y ayudar.
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• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén