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Hora De Volver A La Oración

(Hechos 6:2-4) “Entonces los doce convocaron a la congregación de los discípulos, y dijeron: No es conveniente que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir mesas. Por tanto, hermanos, escoged de entre vosotros siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea. Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la palabra.”

(Apocalipsis 2:4-5) “Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio; si no, vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar, si no te arrepientes.”

 

¿Recuerdas cuando primero recibiste a Cristo en tu corazón como Señor y Salvador? ¿Recuerdas cómo podías estar durante horas leyendo la Biblia y llenarte de revelación? ¿Cómo esperabas ansioso para la próxima reunión con otros creyentes? ¿Cómo te quebrantabas llorando durante el tiempo de las alabanzas porque el amor de Jesús te inundaba el corazón? Si todos estos sentimientos están lejos en el pasado, entonces es hora de volver a la oración.

Sigo sorprendido por el nivel de diligencia, compromiso y sacrificio en otras religiones en comparación con algunos de los seguidores de Cristo. Los musulmanes tienen cinco llamadas de oración al día, de las cuales una de ellas es de madrugada. Intenta tener una reunión de oración en tu iglesia a las 6 de la mañana y a ver qué sucede. Lo más seguro acabes deprimido y frustrado. Cuando era hindú, el ayuno era una práctica común en casa para todos y cuando digo ayunar, me refiero al ayuno en serio.

El mayor crecimiento en la historia de la iglesia ocurrió en los primeros meses después de que Cristo ascendió al cielo. Este crecimiento no fue como hoy basado en la tradición, la moda o la búsqueda de bendiciones. Fue un crecimiento acompañado de persecución y, por lo tanto, cada creyente tenia un sentimiento real de hambre y sed de justicia. Se encontraban a diario, la oración era su fuente de vida, y compartir todo lo que tenían con otros creyentes era una práctica común.

Sin embargo, los apóstoles se dieron cuenta de que habían abandonado su tiempo en oración para atender las necesidades que tenía cada individuo. Aunque era algo también necesario en ese momento, comenzó a afectar el crecimiento personal, la unción y la efectividad de los apóstoles en el ministerio. Inmediatamente hicieron los cambios necesarios asignando responsabilidades a los creyentes más jóvenes y se centraron en llenarse diariamente con el Espíritu Santo a través de la oración y el estudio de la Palabra de Dios. Esto dio como resultado un aumento de discípulos que siguieron difundiendo el evangelio por todo el mundo.

Si todavía estás atormentado por tus pasiones antes de ser creyente, si aún luchas contra la ira y te ofendes fácilmente, si te aburres en los cultos, si ya no tienes ganas de levantar las manos en la adoración o tienes vergüenza de orar en voz alta, entonces es hora de volver a la oración.

A veces maduramos tanto en nuestra fe y conocimiento de Dios que olvidamos apreciar y buscar de nuevo esa voz suave de amor que solía derretir nuestros corazones.

Oraciones

• Padre celestial, eres el Señor que redime el alma de su siervo. Señor que vengará la sangre de su siervo. El Señor que hace que su rostro brille sobre su siervo.
• Gracias Padre por el amor que llenó nuestros corazones cuando nos entregamos por primera vez a Jesús.
• Perdónanos por estar tan ocupados en lo natural que hemos abandonado lo espiritual.
• Ayúdanos a volver a los sentimientos iniciales de alegría, amor y plena confianza posaba sobre nosotros cuando emprendimos nuestro caminar con Cristo.
• Perdónanos por ignorar nuestro tiempo a solas contigo. Por favor, reaviva nuestro primer amor.
• Muéstranos cómo hacer los cambios necesarios para volver a nuestro tiempo de oración.
• Declaramos que veremos los resultados inmediatos al obedecer a este llamado a la oración.
• Pedimos un hambre y una sed renovada para querer estar contigo.

• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén

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