(Hebreos 4:15) “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado.”
(Salmos 23:4) “Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.”
(Salmos 109:30-31) “Con mi boca daré abundantes gracias al SEÑOR, y en medio de la multitud le alabaré. Porque Él está a la diestra del pobre, para salvarlo de los que juzgan su alma.”
En el momento en que pesamos en Jesús solo como Dios, dejamos de entender su gran sacrificio sobre la cruz. Jesús no era un superhéroe, un ilusionista, un extraterrestre, ni alguien con la habilidad sobrenatural de no sentir dolor. Sí, Él era 100% Dios, pero también era 100% hombre. Sintió dolor, hambre, sed y emociones como la ira y la tristeza. Fue insultado, traicionado y malinterpretado. Sintió cada latigazo que le desgarraba la piel y sangró de verdad sobre esa cruz. Todo esto tuvo que suceder para que entendiéramos que podemos acudir a alguien que de verdad comprende nuestro sufrimiento.
Cuando Jesús lloró ante la tumba de Lázaro, no estaba triste porque Lázaro se había ido para siempre, sino porque estaba conmovido por el dolor de los que le echaban de menos. No solo eso, sino que a medida que se acercaba el momento en que Él terminaría Su misión en la tierra, se dio cuenta de cómo los más cercanos a Él aún no entendían que Él tenía el poder de resucitar a los muertos.
No importa por lo que estés pasando en este momento, ten la certidumbre que Jesús está ahí contigo. Él está sosteniendo tu mano mientras eres condenado, burlado, acusado falsamente y perseguido por causa de Su nombre. Jesús está ahí mientras sacrificas todo lo que tienes por tu familia, mientras sufres tu enfermedad en silencio, y mientras llevas el dolor de las palabras pronunciadas contra ti en el pasado. Él está ahí incluso si no quieres que esté allí o si no eres capaz de sentir Su amor.
El Dios de la Biblia no es alguien que simplemente creó el mundo y luego nos dejó para hacer nuestros propios destinos. Se hizo hombre, renunció a su poder divino mientras estuvo en la tierra y nos dio un ejemplo a seguir al volverse completamente dependiente del poder del Espíritu Santo. Si has elegido ser un Hijo de Dios entregando tu vida a Cristo, no estás solo. El cuerpo de Cristo, Su iglesia, es ahora tu familia.
No importa por lo que estés pasando en este momento, Jesús es el único que realmente siente tu dolor. Ve a Él y simplemente quédate en Su presencia. Este es el primer paso para estar libre de tu sufrimiento.
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres el Señor que levanta a todos los oprimidos. El que sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas. El que levanta del polvo a los pobres.
• Gracias, Padre, porque Tú no nos dejaste solos para hacer nuestro propio destino tras crear todo el universo.
• Gracias porque te preocupas por cada área de nuestras vidas y deseas que vivamos en abundancia.
• Gracias porque Jesús no es alguien que no esté familiarizado con el sufrimiento del hombre.
• Entregamos ahora mismo todo nuestro dolor a los pies de Jesús.
• Señor, te pedimos que nos permitas sentir Tu amor y que Tu vara y Tu cayado nos consuelen.
• Padre, enséñanos a ser como Jesús y alcanzar a los que están sufriendo.
• Enséñanos Señor, cómo estar ahí para aquellos que necesitan a alguien que se siente con ellos y ore.
• Cancelamos ahora mismo cualquiera de las palabras negativas que cualquiera haya dicho contra nosotros y recibimos solo Tu verdad.
• Libéranos hoy, Señor, para tener una relación correcta contigo.
• Declaramos que aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infunden aliento.
• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén