(Proverbios 24:15-16) “Oh impío, no aceches la tienda del justo, no saquees su cámara; porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal.”
(Isaías 41:10) “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”
Todos nos enfrentamos diariamente a algún tipo de fracaso, unos más que otros. Fallamos en mostrar amor incondicional, en mantener nuestra paz, pasar tiempo a solas con Dios, completar las tareas que planeamos para el día, cumplir con plazos en el trabajo, fallamos en apartarnos de ese pecado oculto y en general, en nuestras expectativas de lo que queremos obtener de la vida. Los únicos que no experimentan esto están muertos. Entonces, ¿cómo es que algunos acaban teniendo éxito y superando obstáculos mientras que otros se quedan hundidos y nunca vuelven a levantarse?
Dicen que las personas con éxito fallan el 40% de las veces que intentan algo, y las que no tienen éxito fallan el 60% de las veces. La diferencia es muy pequeña, pero aparentemente, tiene mucho que ver con el éxito. Todo depende de cómo manejes tu fracaso. O te condenas a ti mismo y aceptas lo que el diablo dice de ti, o haces lo que Dios dice y te levantas e intentas de nuevo hasta que Él te diga lo contrario.
Tu experiencia, tu dinero, tu talento, carisma y pasión pueden tener mucho que ver con tu éxito, pero no son nada comparado con lo que Dios puede hacer a través de ti. Cuando te entregas a Cristo, eres considerado justo, es decir, sin pecado ante los ojos de Dios. Una de las características de los justos es que se levantan después de cada fracaso.
Cuando decidimos hacer de Dios parte de nuestra historia de éxito, Dios promete que Él nos respaldará, nos fortalecerá y nos ayudará. Ahora, eso a mí me basta para intentarlo una y otra vez sin temer el resultado final. Solo tomando la mano de Dios podrás cambiar tu vida y lograr todas esas cosas que Él tiene preparadas para ti. Solo cuando sepas que Él te respalda, podrás volver a dar ese paso de fe.
Tienes que dejar de solo existir y empezar a vivir. Esto comienza cuando te levantas y lo intentas una y otra vez hasta el día de tu muerte.
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres el que convirtió el mar en tierra seca. Tú abriste fuente y río. Tú secaste ríos impetuosos.
• Gracias Padre por estar con nosotros y por ser nuestro Dios.
• Gracias por sostenernos con Tu mano victoriosa.
• Perdónanos por rendirnos tan fácilmente y por escuchar las mentiras de Satanás.
• Perdónanos por no creer verdaderamente que nos consideras justos y que estás contento con nosotros.
• Enséñanos a seguir peleando la buena batalla aunque fracasemos a diario.
• Entregamos todos nuestros fracasos a Tus pies y quemamos todas las palabras condenatorias con el fuego del Espíritu Santo.
• Declaramos que el pueblo malvado que se levante contra nosotros caerá en calamidad.
• Nada ni nadie puede impedir que experimentemos la victoria que Tú nos has preparado.
•
• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén