(Lucas 6:38) “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que midiereis, se os volverá a medir.”
(Marcos 10:29-30) “Y respondiendo Jesús, dijo: ‘De cierto os digo, que ninguno hay que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o esposa, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no haya de recibir cien tantos ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.’”
Se supone que todo lo que Dios nos da se multiplica y aumenta junto con nuestra fe. Cuanto más leamos la Palabra de Dios, más fe tendremos en quién Él dice que es. Cuantas más pruebas enfrentemos, más testimonios tendremos de Su fidelidad. Cuantas más ovejas tengamos que cuidar, más fe necesitaremos para depender de Él para poder alimentarlas.
Dios no solo provee, sino que también mide nuestra fe al ver cuánto de eso compartimos con los demás. Es durante nuestras situaciones económicas más difíciles que nuestra fe será puesta a prueba con respecto a los diezmos, las ofrendas y el dar a los más necesitados. Cualquiera puede dar de su abundancia, pero para dar en su momento de necesidad, sabiendo que Dios sin duda alguna seguirá multiplicando lo que le damos, requiere una fe especial en las promesas de Dios, el carácter de Dios y la provisión de Dios.
Otra manera en cual Dios mide nuestra fe es ver a qué o a quien podemos renunciar para seguirle a Cristo y ser usados para difundir el evangelio. Esto incluye no contar con la aprobación de nuestra familia y amigos o perseguir obsesivamente el poseer propiedades y un buen saldo bancario para el futuro de nuestros hijos.
¿Sigue Dios cuidando de tus necesidades económicas? ¿Has aumentado tu retribución a Él en la misma medida en que lo has recibido? Recuerda que todo lo que le damos a Él se nos devuelve multiplicado. Por este simple concepto, tal vez hayamos empezado dándole una cucharadita, ya que esto era todo lo que nuestra fe nos permitió dar.
Pero si has sido fiel en tu dar y creciendo en tu fe, por ahora deberías haber llegado a un nivel para poder dar una taza llena, un cubo lleno o incluso un camión lleno. Si no es así, es probable que todavía estés con dificultad para poder tener una vida de oración, dificultad en tu capacidad para compartir el evangelio y en general dificultad en tu autoridad espiritual.
¿Necesitas un aumento en tu economía? ¿Qué tal darle a Dios uno primero? Es tu fe la que determinará Su provisión divina.
Oraciones
• Jesús, Tú eres más grande que el templo. El Señor es grande en Sión. El que está en nosotros es mayor que el que está en el mundo.
• Gracias, Padre, por la fe que has puesto dentro de nosotros.
• Gracias porque de todo lo que renunciamos por ti nos es devuelto multiplicado por cien.
• Gracias porque todo lo que damos a los demás, también se multiplicará y nos será devuelto.
• Perdónanos por no tener la fe para compartir con otros de lo que nos has provisto.
• Perdónanos por no renunciar a todas las cosas por causa del evangelio.
• Te pedimos la fe necesaria para retribuir cada vez más.
• Enséñanos a no negarte nada a ti ni a nadie que lo necesite.
• Recibimos ahora mismo todo lo que nos has prometido en Tu palabra basado en lo que te damos.
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• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén