(Proverbios 11:3-4) “La integridad de los rectos los guiará, mas la perversidad de los pérfidos los destruirá. De nada sirven las riquezas el día de la ira, pero la justicia libra de la muerte.”
(Génesis 39:9b) “…¿Cómo entonces iba yo a hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?”
(Salmos 51:4) “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas.”
(Hechos 4:19-20) “Mas respondiendo Pedro y Juan, les dijeron: ‘Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.’”
¿Qué ha pasado con nuestros valores morales? ¿Cuándo perdimos la confianza en nuestra propia palabra o compromiso a menos que tuviéramos un contrato por escrito, que obligaría a ambas partes a cumplir lo acordado? ¿Cuándo se convirtieron los votos matrimoniales en una simple tradición y podían romperse basado en los sentimientos y las emociones? Piénsalo. Ya no quedan hombres y mujeres con integridad o con el sentido del deber, sino una sociedad que trata de salirse con la suya y hacer las cosas a su manera.
Este no es el plan que Dios tenía para nosotros, sino que Él ordenó que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no, cualquier cosa fuera de eso es pecado, ya que nos hace vulnerables a mentir, engañar y fallar en nuestras promesas. Me alegro de que Dios no falta a ninguna de sus promesas y ni es afectado por la cantidad de veces que le fallamos.
Imagínate por un instante si Dios dejara de perdonarnos por nuestros pecados porque sabe que cometeremos exactamente el mismo pecado tan pronto como doblemos la esquina. O que está tan herido por la forma en que hemos manchado Su nombre en la sociedad, que nos dejara morir en nuestros pecados sin una segunda oportunidad.
Podemos mentirle a los hombres para vender más, robarles porque nuestras necesidades son más importantes, e incluso fallarles porque somos egoístas, pero ¿y Dios? David admitió que había pecado contra los hombres y contra Dios. José entendió que sin importar la oferta, no podía pecar contra Dios.
Los apóstoles no podían negar ni dejar de proclamar las cosas que habían vivido con Jesús. Los grandes héroes de la Biblia vivieron en el temor del Señor y de Sus mandamientos. Claro, no eran perfectos, pero tenían la integridad para admitir su culpa, y se arrepintieron, haciendo restitución cuando fuese necesario.
Si eres un hombre o una mujer de Dios, entonces tienes que apegarte a tus promesas, terminar tus compromisos y hacer lo que se supone que debes hacer cuando se supone que debes de hacerlo.
Si solo te enfocas en no pecar contra Dios, siempre estarás a salvo de perder tus valores divinos o de pecar contra los hombres.
Oraciones
• Padre, Tú eres el que me guarda como a la niña de tus ojos, Tu diestra me sostendrá, Tú eres mi sombra a mi diestra.
• Gracias Padre porque eres fiel a tu palabra y podemos mantenernos firmes en tus promesas.
• Gracias porque Tu sí es sí y Tu no es no.
• Gracias, que si confesamos nuestros pecados eres fiel y justo para perdonarnos de toda maldad.
• Te pedimos que nos perdones hoy de una lengua mentirosa y una mente engañosa.
• Perdónanos por comprometernos con una tarea o con una persona y luego no cumplir por culpa de nuestros sentimientos.
• Perdónanos por no representar la integridad de Jesús a través de nuestras vidas.
• Te pedimos que hoy tengamos el denuedo y el deseo de vivir como lo hicieron los Apóstoles, poniéndote a Ti en primer lugar y sin importarnos lo que digan o piensen de nosotros.
• Rechazamos cualquier oferta hecha por el mundo que vaya en contra de Tus mandamientos.
• Declaramos que somos justos por medio de Jesucristo y que nuestra integridad nos guiará.
•
• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén
18 October 2024 @ 10:05
Bendecido viernes familia y gracias a Dios por su palabra hermosa que nos enseña a vivir en la voluntad del padre para hacer lo correcto ante sus ojos que el espiritusanto nos guie y nos siga enseñando hacer lo correcto para agradar a Dios y no a los hombres un abrazo