(Romanos 5:1-5) “Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.”
“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado. Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos.”
Según lo que acabamos de leer, la única forma de adquirir paciencia es pasar por tribulaciones y problemas. Por lo tanto, no te sorprendas si te enfrentas a un desafío justo después de haber orado pidiendo paciencia. Tu hijo rompe un objeto valioso cuando repetidamente le pediste que tuviera cuidado. Tu esposa se olvida de agregar sal a la comida, como si fuera su primer día cocinando.
Tu padre borra archivos importantes de tu ordenador al hacer clic nerviosamente por toda la pantalla en vez de pedirte ayuda. Alguien se te cruza en la carretera y casi hace que te estrelles mientras hablaba por el móvil. Tu jefe te humilla públicamente por un error que él cometió y te echa la culpa.
Estas son cosas que nos pasan todos los días, y a través de estas situaciones crecemos en paciencia y moldeamos nuestro carácter a la semejanza de Cristo. Una vez que nos hemos enfrentado a tales tribulaciones una y otra vez, la experiencia nos enseña que también saldremos victoriosos del próximo desafío. Esa seguridad de victoria se reflejará en nuestra actitud de esperanza, y esto traerá esperanza a los demás. Ya no tememos lo que sucederá en el futuro, ya que la esperanza en el poder de Cristo nunca nos defraudará.
Esto es lo que nos separa de aquellos que no conocen a Dios o no han experimentado la salvación a través de Jesús. Nos rendimos a Cristo por fe, creyendo que Él lava nuestros pecados. Creemos que Cristo ya derrotó el pecado y la muerte en la cruz por nosotros y, por lo tanto, sin importar a lo que enfrentemos en la vida, tenemos la victoria garantizada. Esta fe se compone de la esperanza en la gloria y el poder de Dios.
Pero esta esperanza tiene que estar basada en la obra del Espíritu Santo en nosotros, no en la lotería, ni en ningún gurú, ni ídolo, trabajo, carrera educativa o promesas del hombre. Solo así se nos asegura la victoria y el honor que viene de parte de Dios. Cuando Dios es el que nos saca adelante, todos lo verán y declararán que Jesús es el Dios vivo. Entonces podremos caminar con la frente en alto sabiendo que Dios nunca nos fallará.
Ser probado por Dios construye el carácter y cada lucha se convierte en un testimonio si nos aferramos y seguimos confiando en Él.
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres Dios quien reinas por siempre sobre todas las generaciones, que eres bueno con los puros de corazón, y Tu trono será establecido para siempre.
• Gracias porque a través de la fe somos establecidos en Tu gracia para que podamos poner toda nuestra esperanza en Tus promesas.
• Perdónanos por poner nuestra esperanza en las promesas vacías del hombre.
• No permitas que nos desanimemos cuando nos enfrentemos a tormentas. Rendimos a tus pies todos nuestros desafíos y te pedimos paciencia para enfrentarnos a ellos.
• Declaramos que la esperanza que hemos puesto en Ti no nos avergonzará ni nos defraudará.
• Declaramos que recibiremos los frutos de nuestro trabajo y paciencia mientras seguimos confiando en Ti.
• Que Tu nombre sea glorificado a través de nuestras vidas, y a través de las palabras de paz y esperanza que declaramos en cada prueba.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén