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¿Preocupado Por Tu Reputación?

 

(1 Corintios 2:4-5) “y mi palabra y mi predicación no fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder; para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.”

(1 Corintios 4:3-4) “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por juicio humano; y ni aun yo mismo me juzgo. Porque de nada tengo mala conciencia, mas no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor.”

(Proverbios 21:2) “Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; mas el Señor pesa los corazones.”

 


Te sorprendería saber lo poco que le importa a la gente lo que estás haciendo. La mayoría está ocupada con sus propios problemas y responsabilidades, así que relájate y enfócate en las tareas de hoy. No importa lo que los hombres piensen de ti, es Dios quien determina lo que está bien o mal, lo que es vergonzoso o loable, y lo que merece la vida o la muerte. Las opiniones de los demás no impedirán que Dios cumpla sus planes para ti. Por lo tanto, aprende a descansar en Cristo y solo preocúpate por lo que Dios ha prometido y quién Él es en tu vida.

El diablo ha usado hábilmente el miedo de una mala reputación, contra ti y los demás, hasta el punto de que es una de las causas del suicidio. Si cometiste un error en un momento de debilidad o estás a punto de ser expuesto públicamente a causa de un escándalo que dañará tu reputación o la de tu familia, ya no estás en condiciones de pensar con claridad. Este temor a lo que la gente pensara de ti, es muy poderoso y ha traído mucho dolor a muchas familias.

Lo que tu cultura, tu comunidad, tu familia o amigos esperan que hagas no es tan importante como lo que se supone que debes hacer según Dios. La mayoría de las personas que esperan que actúes de cierta manera probablemente viven atadas a sus propios miedos.

Cuando no entendemos el amor de Dios por nosotros, siempre correteamos tratando de ser del agrado de todos, lo cual es prácticamente imposible. Así es la vida, y cuanto antes la aceptes, antes podrás disfrutar cada día y tener éxito en todo lo que hagas. El único de quien debes preocuparte por juzgarte es Dios según Sus leyes.

Odiaron a Cristo por todo el bien que hizo y por la verdad que nos reveló sobre el reino de los cielos. No esperes ser menos odiado que tu maestro, si no te odian como a Cristo, entonces probablemente no estás siguiendo sus pasos como deberías.

Pablo entendió que no había ningún poder en tratar de manipular a las personas, para que estuvieran de acuerdo con él, a través de la filosofía, las palabras bonitas o su carisma personal, sino que se concentraran en su mensaje de Cristo en la cruz, de esta manera, permitió que el poder del Espíritu Santo hiciera la obra de convencer sus corazones hacia la verdad.

No le importaba lo que la gente pensara de él mientras Cristo fuera glorificado a través de Su vida. Empezó a predicar para impresionar a las personas, hasta que se dio cuenta de que era mejor bendecirlas.


Solo cuando estés decidido a representar a Cristo y no a ti mismo, caminarás con integridad y evitarás cometer errores que te avergüencen a ti y a tus seres queridos.

 

 

Oraciones

• Padre Celestial, Tú eres el Dios Altísimo, Dios Grande, Dios de dioses, Dios Vivo, Dios Amoroso, Dios de Amor y de paz, Dios Eterno, Dios de todo consuelo, Te alabamos.
• Gracias, Padre, por darnos nuestra verdadera identidad en Cristo.
• Gracias porque no te conmueve lo que otros dicen o piensan de nosotros, porque Tu ves dentro de nuestros corazones.
• Oramos por aquellos que han perdido a un ser querido por temor a la mala reputación.
• Perdónanos por tener miedo de lo que dirán los demás, en lugar de caminar en integridad.
• Perdónanos por pensar que hay algún valor en el juicio de los hombres contra nosotros.
• Danos hoy la personalidad y la identidad para saber quiénes somos en Cristo, y cuánto nos amas.
• Recibimos hoy Tu llamado en nuestra vida y decidimos caminar en él.
• Nos negamos a evaluarnos con los ojos de los hombres, y recibimos tu verdad.

• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén

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