(1 Juan 1:9-10) “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso y su palabra no está en nosotros.”
(Proverbios 28:13) “Él que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.”
(Mateo 6:34) “Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas.”
Fue el pecado lo que nos separó de Dios y todavía es el pecado lo que nos sigue impidiendo estar en Su presencia. Incluso Adán tuvo que esconderse de Dios por vergüenza y temor una vez que cayó en pecado. El pecado confundió por completo su percepción del amor de Dios, ya que no es así como Dios nos trata cuando caemos en pecado. Dios primero escucha, tiene compasión y no nos condena, sino que nos da la oportunidad de confesarnos, arrepentirnos y nos tiende una mano para levantarnos. Él quiere que nos abramos y seamos completamente honestos con nosotros mismos primero y luego con Él.
Cuando Caín mató a su hermano Abel, Dios también le dio la oportunidad de confesar y reparar el daño. Pero Caín ya estaba infectado por los celos, la ira y el orgullo y le respondió a Dios de mala manera. Tal vez Caín no se dio cuenta de que Dios tiene el poder de resucitar a los muertos y de perdonarnos todos nuestros pecados. No importa cuál sea nuestro pecado, nunca es tan malvado como para que Dios no lo pueda perdonar. Creo que olvidamos que Él está al tanto de nuestros secretos más ocultos y oscuros.
Cuando vivimos en pecado sin confesarlo pero seguimos escondiéndolo, esto afecta nuestra relación con Dios. El pecado confunde nuestro entendimiento del carácter de Dios y nos hace sentir que no somos dignos de su amor, nos impide orar y pedir porque sentimos que no nos lo merecemos. Dios promete que el pecado oculto no nos permitirá prosperar en la vida. El pecado puede convertirse en nuestro amo si no lo cortamos de raíz y lo desechamos.
Solo confesando constantemente nuestros pecados a Jesús, y pidiéndole su ayuda, podremos vencer cualquier opresión con la que el enemigo nos esté controlando. Es completamente tu decisión confesarte y arrepentirte ya que Dios ya te ha dado la autoridad sobre el pecado a través de la victoria de Jesús sobre la muerte y el pecado. Deja de confiar en tu propia fuerza y habilidad para vencer la tentación y comienza a usar el poder del Espíritu Santo.
No te preocupes por los pecados que cometerás mañana, solo concéntrate en los hoy. Permite que Jesús quite tus pecados hoy para que puedas vivir una vida de libertad y en victoria.
Oraciones
• Jesús, Tú eres nuestra justicia, el que pagó por nuestros pecados, nuestro Redentor.
• Gracias por la promesa de que si te confesamos nuestros pecados, nos mostrarás misericordia.
• Queremos confesar que somos pecadores, que siempre nos equivocamos y que nada podemos hacer bien.
• Confesamos que mentimos, manipulamos a otros y nos compadecemos de nosotros mismos cuando nos enfrentamos problemas.
• Danos la confianza para caminar en la autoridad que Cristo nos ha dado para rechazar el pecado de nuestras vidas.
• Rechazamos ahora mismo cualquier espíritu maligno que hayamos invitado a nuestras vidas a través del pecado.
• Perdónanos por no entender Tu amor por nosotros y que no nos condenas cuando caemos.
• Cancelamos todas las mentiras de Satanás acerca de quién es Cristo.
• Perdónanos por ocultar nuestros pecados y danos la prosperidad y la misericordia que nos has prometido en Tu Palabra.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén