(Josué 1:8) “Este libro de la ley nunca se apartará de tu boca, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.”
(Isaías 48:17-18) “Así dice El Señor, tu Redentor, el Santo de Israel: ‘Yo soy El Señor tu Dios, que te enseña para provecho, que te conduce por el camino en que debes andar. ¡Oh si hubieras atendido a mis mandamientos! Entonces tu paz habría sido como un río, y tu justicia como las ondas del mar.’”
(Proverbios 10:22) “La bendición del Señor es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.”
(Salmos 103:2) “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios:”
Antes de entender cómo alcanzar el éxito, tenemos que decidir qué tipo de éxito queremos alcanzar, ¿el de Dios o el de los hombres? Ambos son similares en muchas maneras, pero completamente opuestas en su fundamento. Uno define el éxito como abarcar cosas materiales, ser abundantemente feliz, una buena vida familiar, las riquezas, la comodidad, tener sirvientes, fincas y almacenes, dar a los pobres en abundancia y tener una estabilidad financiera que mantendrá a tus próximas dos generaciones…etc. La otra definición del éxito, la verdad, no hay otra definición. Lo que acabamos de describir es justo lo que Dios quiere para ti y lo que los hombres también buscan.
La diferencia es que el éxito que persiguen los hombres no está guiado por Dios, ni obedece los mandamientos de Dios, ni se le da a Dios el crédito tras conseguir el éxito. Esta mentalidad autosuficiente e independiente se ve incluso entre los cristianos, que no devuelven una parte de su prosperidad a Dios en forma de diezmos y ofrendas. No reconocen que Él es quien nos da todas las cosas y nos enseña a prosperar.
Cuando tendemos a olvidarnos de Dios y sus beneficios, siempre lo culparemos por las cosas que no conseguimos o perdemos, y lo culparemos por no darnos lo que queremos, cuando queremos y como lo queremos.
Sin embargo, el éxito que viene del cielo es ante todo ordenado por Dios, usado por Él para bendecirte primero a ti y luego a otros, se obtiene bajo el sello de la honestidad y el trabajo duro, no trae consigo ninguna tristeza o controversia, su impacto no acaba cuando mueres, Dios te lo da y te lo quita sin dejarte amargado, y se consigue a través de la obediencia. Una ventaja añadida, y probablemente la más importante, es que no correrás el riesgo de perder tu alma si logras el éxito bajo la tutela de Dios.
Todo aquel que prospera en la vida sin Dios, probablemente tiene algo que esconder o de que avergonzarse. Y si muestra algún tipo de compasión hacia los pobres, es para engrandecerse a sí mismos y no a Dios.
Puedes convertirte en el hombre más rico del mundo, pero si no has ganado a Jesús como tu salvador, no te servirá de nada para la vida eterna.
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres el Creador de los confines de la tierra. El que edifica Sus estratos en el cielo, y ha fundado Sus estratos en la tierra.
• Gracias Padre porque deseas que triunfemos y prosperemos a la vista de todos.
• Gracias por enseñarnos cómo tener éxito y por guiarnos por el camino a seguir para prosperar.
• Perdónanos por no prestar atención a tus instrucciones y en cambio imitar al mundo en sus formas de hacer las cosas.
• Perdónanos por no traerte diezmos y ofrendas para demostrarte que todo lo que tenemos te pertenece.
• Ayúdanos a meditar en Tu Palabra día y noche para que nuestro camino sea prosperado.
• Gracias porque a través de Cristo podemos arrepentirnos y comenzar de nuevo contigo.
• Declaramos que daremos y prosperaremos y que ni la tristeza ni la vergüenza acompañará el éxito que Tú nos darás.
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• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén