(Romanos 1:16-17) “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: ‘MAS EL JUSTO POR LA FE VIVIRÁ.’“
(Romanos 10:17) “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo.”
(Hebreos 11:6) “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que a Dios se acerca, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”
Lo peor que puedes hacer con tu fe es meterla dentro de una caja y limitar su poder. Lo mismo ocurre con Dios. Esto es lo que la religión trata de hacer a través de leyes, reglas humanas, tradiciones, filosofías hechas por el hombre y la lógica humana. Con el tiempo, este tipo de fe pierde todo poder y acabamos adorando dioses falsos y postrados ante la creación en lugar del Creador. Así es como se inician las religiones y solo consiguen atarnos con cadenas alrededor del cuello en lugar de liberarnos para adorar a Dios y crecer en nuestra fe.
La fe es viva, poderosa, trae vida, y tiene el poder de transformarnos. Nace de la esperanza en el poder sobrenatural de Dios, en lo invisible, y de un deseo profundo de algo que queremos cambiar y mejorar. Puede levantar a los muertos, mover montañas que se interponen en tu camino, lograr lo imposible, curar a los enfermos e incluso salvar tu alma. Sin embargo, para que nuestra fe haga todas estas cosas y más, tiene que estar basada en la Palabra de Dios, de lo contrario, es solo un deseo sin ningún fruto.
Cristo nos ha dado a todos una medida de fe. Depende de nosotros dónde invertimos esa fe y qué conseguimos a través de ella. Podemos invertirla en nuestros padres, el gobierno, nuestro Pastor, gurús, nuestras propias habilidades, estatuas hechas de madera y barro, una religión, tradición y cultura, o el dinero. No importa en qué o en quién invirtamos esta fe, solo obtendremos a cambio lo que esa persona o filosofía pueda darnos. Pero cuando ponemos nuestra fe en la Palabra de Dios, los resultados nos abruman ya que Dios no tiene ni principio ni fin.
Incluso si crees en la Biblia y sigues a Cristo, aún puedes acabar limitando tu fe. Si solo te basas en lo que está escrito en la Biblia sobre lo que Dios puede hacer, o cómo lo hace, estás ahogando tu fe. Ten en cuenta que solo tenemos una pequeña porción de todos los milagros que Jesús hizo. No debemos preocuparnos tanto por si un milagro que Dios está haciendo o cómo lo está haciendo está en la Biblia o no, sino más bien, si lo que ocurre contradice alguna de las enseñanzas de la Biblia con respecto a la ley moral y el carácter de Dios.
La fe en la Biblia se mantiene firme por sí sola, no necesita que tú ni yo le demos ninguna validez. Pero depende de nosotros si queremos empezar a usarla para cambiar nuestras vidas y permitir que Dios nos use para cosas grandes y maravillosas.
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres la cabeza de todo principado y potestad; Oh Señor, Tú eres exaltado como cabeza sobre todo; Dios que es grandemente exaltado; Grande y poderoso en poder; Señor más bello; El más recto.
• Gracias, Padre, por dar a todos una conciencia y una medida de fe.
• Gracias, porque la creación es evidencia suficiente para que cada uno de nosotros crea en Ti.
• Perdónanos por invertir nuestra fe en religiones hechas por hombres, en tradiciones y lógica humana en lugar de Tu poder sobrenatural.
• Perdónanos por ponerte a Ti y a lo que Tú puedes hacer dentro de una caja según nuestro entendimiento.
• Danos la fe para atrevernos a pedir más de lo que podemos imaginar.
• Enséñanos a vivir a través de nuestra fe en Ti y a esperar que suceda lo imposible para nosotros.
• Declaramos que nuestras vidas serán un testimonio de Tu poder sobrenatural obrando a través de nosotros.
• Cuando oremos, veremos sanidad, favor, prosperidad, amor abundante por los rechazados y vidas transformadas.
• Declaramos que recibiremos nuestra recompensa por usar nuestra fe para buscarte.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén