(Isaías 6:8) “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.”
(Mateo 17:4) “Entonces respondiendo Pedro, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres tabernáculos; uno para ti, uno para Moisés, y uno para Elías.’”
(Mateo 5:13-14) “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y ser hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.”
Solo hay una razón por la cual Dios te llena, y es para luego vaciar te sobre los de más. No basta con ser un cristiano dentro de las cuatro paredes de la Iglesia. Es hora de salir de nuestra zona de seguridad y confort. Lo que recibimos de Dios cuando nos reunimos con otros creyentes debe usarse para cambiar vidas.
A menudo veo como dentro de las iglesias hay hermanos rotundos al hablar y llenos de energía. Sin embargo, una vez que salen a las calles se convierten en corderitos asustados. Oran con vigor y a veces incluso dan un mini sermón mientras lo hacen, pero no se atreven a predicar en las calles y dar su testimonio.
Es normal sentirse seguro entre los creyentes y personas que están de acuerdo con tu forma de hacer las cosas. Incluso los discípulos querían estar a solas con Jesús en la montaña y quedarse disfrutando de Su presencia el mayor tiempo posible. Puedes estar lleno de poder de lo alto y pasar horas con Jesús y Su Palabra, pero necesitas compartir ese poder y conocimiento con el mundo herido que te rodea.
Piénsalo un segundo… El cristianismo es la única fe que pone una carga sobre nuestros hombros para compartir las buenas nuevas de salvación a través de Jesús con todo el mundo. Jesús no te escogió y te dio a conocer Su poder y Su presencia, para que solamente tú disfrutes de ello. Sino que quiere que seas un instrumento que Él pueda usar para otras almas perdidas. Él nos ha llamado y hemos respondido, pero el llamado no se acaba con nuestra salvación y nuestras bendiciones.
Cristo dijo que somos la sal y la luz del mundo. No basta con enfocarse en lo que Cristo puede hacer POR ti, sino comienza a buscar lo que Él puede hacer A TRAVÉS de ti.
Oraciones
• Jesús, tú sustentas mi suerte, eres mi porción en la tierra de los vivos, el guía de mi juventud.
• Gracias, Señor, porque podemos sentir y disfrutar de Tu presencia.
• Gracias, por llenarnos con Tu amor y mostrarnos Tu gloria.
• Perdónanos por no comprender la plenitud de nuestro llamado. Por no ver que estamos siendo transformados para transformar a otros con Tu Palabra.
• Perdónanos por tener miedo de ser rechazados y por lo que dirán los demás.
• Danos la capacidad de compartir el evangelio en todo momento, y de ser usados por Ti para transformar vidas.
• Queremos ser la sal de la tierra, la luz del mundo y cumplir Tu voluntad para con nosotros.
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• Te lo pedimos en el Nombre Poderoso de Jesús. amén