(Filipenses 2:2) “completad mi gozo, que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.”
(1 Corintios 1:10) “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos habléis una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.”
(Mateo 12:25) “Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.’”
Ser de una mente y con un objetivo en común con otra persona es probablemente una de las cosas más difíciles de lograr. Todos tenemos un pasado que nos distingue, diferentes miedos y tenemos un sistema de valores tan diferente para lo que es importante en la vida que tener un terreno común e inquebrantable sobre el cual construir un futuro parece imposible.
Es por eso que es tan importante tener las cosas claras antes de entrar en un pacto con alguien a largo plazo como un negocio, una carrera o incluso el matrimonio. Sin embargo, parece que somos expertos en unirnos para hacer travesuras y disfrutar de los placeres del pecado. Por eso es importante que Dios intervenga en nuestras vidas para que nos pongamos de acuerdo para guardar sus mandamientos.
Planificar un futuro con alguien sin consultar primero con Dios es una locura ya que solo Dios es en quien podemos confiar. Dios no cambia con el tiempo, no se cansa de nosotros, no se da por vencido y todas sus promesas son fiables. Muchas parejas se casan basándose únicamente en la apariencia y los sentimientos emocionales del amor. Te garantizo que esto no es una base sólida sobre la cual construir, ya que con el tiempo las prioridades de cada uno, los cuerpos y los sentimientos suelen cambiar. El amor tiene que ser una decisión, no un sentimiento. Jesús nos ama, sin importar cuánto lo odiemos o lo rechacemos.
Incluso extraños se unen cuando tienen un enemigo en común o una carga común que llevar. Este fue el caso de la Torre de Babel, donde incluso Dios se preocupó de la maldad que la humanidad pudiera lograr si continuaba tan unida como estaba. La clave para tener unidad para los cristianos no es solo tener un enemigo en común (Satanás) sino también tener una autoridad en común bajo la cual todos se someten (Cristo). Al tener a Jesús y Su voluntad y normas morales como el centro de todas las decisiones, deseos, metas y compromisos, podemos estar seguros de la paz, la armonía y la victoria en todas las áreas de nuestra vida.
Cuando no hay una unidad bajo Dios experimentaras la torre de Babel, donde aunque se unieron para desafiar a Dios, al final solo hubo confusión y cada uno siguió su propio camino. Pero cuando nos unimos bajo Dios, es como el día de Pentecostés. Todos hablaron en un idioma distinto y desconocido para ellos a través del Espíritu Santo, pero todos oyeron unánimes a Dios siendo glorificado.
Mi abuelo siempre decía “Que uno decida y el otro obedezca”. Esto, sin duda, necesita de un cambio sobrenatural de Dios en nuestras vidas.
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres Jehová Eloheka, El Señor tu Dios, Jehová Elohay, El Señor mi Dios, Elohim, El Dios viviente, y Elshaddai, Dios Todopoderoso.
• Gracias Padre por ser un Dios que nos une bajo Tu amor y nos llena del mismo Espíritu.
• Gracias por no darte por vencido cuando fracasamos en ser obedientes.
• Perdónanos por no estar unidos bajo Tu autoridad en nuestra iglesia o familia.
• Perdónanos por no buscar estar unidos en el amor de Cristo los unos por los otros.
• Danos hoy la estrategia, el corazón y la mente para ser uno con otros hermanos y hermanas.
• Rechazamos el espíritu de confusión y malentendidos de nuestro matrimonio, lugar de trabajo e iglesia en el nombre de Jesús.
• Cancelamos el desenlace de Babel y declaramos la unidad de Pentecostés sobre nuestras vidas.
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• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén