(2 Pedro 1:3-4) “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de Aquél que nos ha llamado a gloria y virtud; por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia.”
(1 Juan 2:27) “Pero la unción que vosotros habéis recibido de Él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que alguien os enseñe; sino que como la unción misma os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, y así como os ha enseñado, vosotros permaneceréis en Él.”
Dios no solo nos llama a ser santos, sino que también nos capacita con todas las herramientas necesarias para lograrlo. A través de Jesucristo, estamos equipados para vivir una vida piadosa, para hacer el bien, para ser sacrificados, para obedecer los mandamientos de Dios con facilidad y nunca más volver a caer en nuestros viejos caminos pecaminosos.
Esto es lo que nos dice Su Palabra, y Dios no miente. Él nunca nos llamará a hacer algo sabiendo de antemano que fallaremos en ello; Eso no seria justo. Ahora, existe el caso en que nos equivoquemos y creamos que estamos haciendo su voluntad y fracasar. O también, no darnos cuenta de que el tiempo o la temporada asignada por Dios para una labor han pasado.
Las promesas que Dios nos ha dado en la Biblia nos permiten participar de Su naturaleza divina. En otras palabras, ya no somos afectados ni débiles ante los deseos pecaminosos del mundo. No nos estresamos ni luchamos por cosas o situaciones como hacen los incrédulos, y tenemos una paz sobrenatural acerca de todo lo relacionado con nuestro futuro. ¿Es este tu caso?
Si es así, entonces de verdad has recibido a Cristo y el poder del Espíritu Santo. Pero si sigues cayendo y fallando en vivir una vida de santidad, entonces probablemente nunca hayas conocido a Cristo como tu Señor y aún estés tratando de agradarle a Dios en tus propias fuerzas.
Pero si te agarras fuerte a la mano de Dios, Su unción te guiará y te enseñará todo lo necesario para tener éxito en la vida y vivir en santidad. Él te advertirá cuando estés a punto de tomar decisiones equivocadas o decir cosas inapropiadas, cuando te juntes con gente equivocada, cuando veas lo que no deberías en la televisión o el móvil, cuando comas lo que no te conviene y cuando estés a punto de ser engañado por el diablo.
Dios te enseñara todas las cosas a través del Espíritu Santo que conoce toda verdad y pesa todas las intenciones del corazón. A través de esta unción, podemos distinguir las mentiras de la verdad y evitar el engaño. ¿Quiere decir esto que tenemos que ignorar totalmente a nuestros líderes en el ministerio? No, por supuesto que no, ya que son parte de los mensajeros que Dios usa para enseñarnos y advertirnos.
(“Empieza a fijarte en las cosas que Él te ha dado: Su nombre, que es Su ‘Poder notarial’; Su Palabra, que ‘no volverá a Él vacía’; y Su sangre, ‘que te da acceso a Su presencia día y noche.’”- Bob Gass)
Oraciones
• Padre celestial, anhelamos la luz de tu rostro. Señor, Tú eres más glorioso y excelente que los montes de rapiña. Tú eres el Señor que llena el cielo y la tierra.
• Gracias porque tenemos todo lo que necesitamos para tener éxito en nuestro caminar contigo. Que has preparado todo el poder, la fuerza y el dominio propio necesarios para vivir una vida santa.
• Perdónanos por tratar de vivir una vida santa por nuestra cuenta y no depender de tu provisión.
• Declaramos que somos partícipes de Tu naturaleza divina y que no estamos controlados por el pecado.
• Por la unción que vive en nosotros, somos sabios para separar lo que es verdad y lo que es mentira.
• Cancelamos y rechazamos cualquier pensamiento o plan en este momento que sea contrario a Tu verdad.
• Gracias por elegirnos para separarnos del mundo y por llamarnos tuyos.
• Declaramos que somos victoriosos y santos porque hemos conocido a Cristo y tenemos el Espíritu Santo viviendo dentro de nosotros.
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• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén