(1 Corintios 13:11) “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño, mas cuando ya fui hombre hecho, dejé lo que era de niño.”
(Efesios 5:25) “Maridos, amad a vuestras esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella;”
(1 Juan 4:18-19) “En el amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor conlleva castigo. Y el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.”
Hay que admitir que el amor que teníamos al principio por nuestro cónyuge, es completamente distinto al amor que tenemos ahora. Comenzó con una pasión romántica y maduró hasta convertirse en un respeto mutuo. Se enfocó al principio en la atracción física y ahora entiende el sacrificio y la forma en que sirve las necesidades de la familia. Cambió de lo que puedes sacar de la relación a lo que realmente puedes aportar, incluso si eso significa renunciar a los sueños o metas de tu vida para que tu familia esté segura y abastecida.
Pasamos de ocultar nuestro pasado y ser superficiales a volvernos completamente transparentes ya que no tememos a ser juzgados. En la juventud solo buscamos un momento de pasión y divertirnos con nuestra pareja, pero a medida que maduramos buscamos la fidelidad y el sentido de responsabilidad en ellos. Nuestro enfoque cambia de tratar de cambiar a nuestro cónyuge a hacer los cambios necesarios en nosotros para poder amar más, perdonar más y tener más paciencia.
Dejamos de hacernos las víctimas y empezamos a aceptar nuestra culpa y nos damos cuenta de que también somos parte del problema. Si no has madurado en tu amor, entonces probablemente estés divorciado, a punto de hacerlo o todavía soltero con varias relaciones fallidas.
Nuestro amor hacia Dios también tiene que crecer para que sigamos enamorados de Jesús. Cuando decidimos amarlo por primera vez, lo hicimos para ser perdonados y salvos de una eternidad en el infierno. Pero si aquí es donde se detiene, has malinterpretado completamente quién es Él. Dios no nos necesita a nosotros, pero nosotros lo necesitamos a Él para triunfar en la vida. Él no tiene necesidad alguna de nosotros, ni principio ni fin, ni duerme ni se cansa, y tampoco necesita nuestra aprobación o permiso para todo lo que hace, nos da o nos quita.
Tenemos que madurar desde la posición de lo que podemos conseguir de Él hasta el punto de preguntarnos cuánto más podemos aportar y como mejor podemos servir en Su Reino. Esperar nada de nadie y estar dispuestos a dar todo lo que tenemos a un completo extraño, si Dios así nos lo pide. Dejar de hacer cosas por miedo a no ser aceptados por lo hombres y saber que nada nos puede separar del amor de Dios. Estar tranquilos ante el peligro porque confiamos plenamente en que Dios estará allí con nosotros.
Afortunadamente, Dios nunca nos abandonará, pero solo cuando maduramos en nuestro amor por Dios podemos amar incondicionalmente a los demás y restaurar nuestras relaciones quebrantadas.
El amor que ha madurado sabe amar sin ningún temor y sabe entrar en el reposo de Jesús.
Oraciones
• Padre, Tú eres el que cuida la viña, el sembrador de buenas semillas y el que poda las ramas para que dé más frutos.
• Gracias Padre por mostrar un amor tan puro y santo hacia nosotros.
• Gracias porque Tu amor es incondicional, es paciente y bondadoso.
• Gracias porque a través de Jesús quien vive dentro de nosotros, también podemos amar incondicionalmente y que nuestro amor puede madurar para convertirse en un amor sacrificial.
• Perdónanos por no querer crecer en nuestro amor y seguir con nuestras formas infantiles.
• Perdónanos por ser egoístas en nuestras relaciones y por exigir amor en lugar de darlo primero.
• Cancelamos cualquier mentalidad infantil con respecto al amor, cualquier resentimiento y cualquier falta de compasión en nuestras vidas hoy.
• Rechazamos todo pensamiento del miedo a ser rechazados, miedo a ser dañado emocionalmente o miedo a ser transparentes.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén