(Romanos 5:8-11) “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él.”
“Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.”
Imagina por un instante si la gente descubriera tus secretos más oscuros. ¿Seguiría tu cónyuge contigo? ¿Te seguirían respetando tus hijos? ¿Seguirías manteniendo tu trabajo o serías capaz de mirar le a los ajos a tus colegas? ¿Podrías seguir siendo parte de la comunidad cultural, religiosa o iglesia a la que perteneces? Probablemente no.
Este miedo a nuestros pecados del pasado e incluso los presentes ha llevado a muchos a esconderse avergonzados o incluso contemplar el suicidio. Este pensamiento no procede de Dios, sino del diablo que quiere asegurarse de que vivas avergonzado por el resto de tu vida o que no la disfrutes en absoluto. Claro está, que el pecado conlleva consecuencias y uno puede sufrir los insultos y el ser señalado por causa de las decisiones equivocadas que tomamos.
Con el Dios de la Biblia no es así. Cristo no te exigió primero que fueras perfecto, o que no tuvieras un pasado pecaminoso, o incluso que intentaras o quisieras hacer el bien, antes de elegir morir por ti en la cruz, y tomar todos tus pecados sobre Él. El conoce y conocía exactamente lo que sucede detrás puertas cerradas, y ¿adivina qué? No se lleva las manos a la cabeza en estado de shock.
Al enfocarte en tus pecados y tus errores, solo vivirás como un enemigo de Dios, que es en lo que nos convierte el pecado. Sin embargo, el sacrificio en la cruz hace las paces con Dios.
Bill Bakkeby era un próspero coronel de los EE. UU. Sin embargo, tenía un secreto que ocultó de su esposa y colegas. Era un alcohólico a puerta cerrada, cuya vida estaba tan fuera de control que la culpa y la vergüenza lo llevaron a contemplar el suicidio, y estaba destruyendo su matrimonio. Finalmente, un día, durante una sesión de consejo matrimonial, le confesó a su esposa su pecado oculto, y ella respondió: “¡Oh, eso es todo!” Esta no era la gracia y el amor que esperaba como respuesta, y en ese momento lo único que pudo orar fue “¡Dios, ayúdame!” Dios lo hizo, y hoy ambos pastorean una gran iglesia en Washington D.C.
Cristo lo ve todo y lo sabe todo, y aun así dice: “Te amo, ven a mí y arreglémoslo para que puedas comenzar a disfrutar la vida que tengo preparada para ti”. Qué Dios tan maravilloso servimos.
Oraciones
• Jesús, Tú eres el Alfa y la Omega; El Principio y el Fin; El Principio de la creación de Dios; El primero y el último; El que dice “Yo estoy con los últimos”; El Señor que es y que era.
• Gracias, Jesús, por ir a la cruz cuando aún éramos pecadores.
• Gracias, porque no hay nada tan horrible u oscuro que no estés dispuesto a perdonar cuando nos arrepentimos.
• Perdónanos por rechazar el camino para hacer las paces contigo.
• Perdónanos por pensar que no tenemos nada de qué arrepentirnos, o que no tenemos ningún pecado que perdonar.
• Danos hoy la humildad para confesar nuestros pecados y para estar agradecidos por tu sacrificio en la cruz.
• Enséñanos a ser felices por la paz que Cristo ha creado para nosotros.
• Pedimos que Tu misericordia y gracia se extiendan sobre las consecuencias naturales de nuestros pecados.
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• Te lo pedimos en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén