(1 Corintios 15:58) “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”
(1 Corintios 3:8) “Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.”
Cuando me puse a evaluar los últimos años de mi vida, especialmente durante la pandemia y el lanzamiento de nuestro ministerio exclusivo online, Karma 2 Christ, comencé a sentirme un poco triste y decepcionado. Sin duda, estábamos ocupados preparando todo lo necesario para el nuevo ministerio, aprendiendo a manejar todas las distintas plataformas y aplicaciones, de las redes sociales necesarias para tener un culto online. Nos aseguramos de conocer a nuestros nuevos vecinos, y teníamos reuniones en casa, y al mismo tiempo tratamos de recaudar fondos ya que ya, no teníamos una iglesia física para pastorear.
Sin embargo, nuestro objetivo principal siempre es llevar tantas almas como sea posible a Cristo antes de Su regreso y solo recuerdo haber llevado a un puñado a aceptar a Cristo y que solo uno de ellos fue bautizada y aún sigue fiel a Cristo.
En ese momento de bajón, Jesús me recordó la historia del “Lanzador de Estrellas”.
(“En su libro, “The Star Thrower”, Loren Eisley cuenta como un día que estaba caminando por una playa, vio miles de estrellas de mar tendidas sobre la orilla. Se dio cuenta de cómo un niño recogía estrellas de mar una por una y las arrojaba de nuevo al océano. Cuando le preguntó por qué, el niño dijo: “¡Si no lo hago, morirán!” “Pero, ¿cómo es posible que salvar a tan pocos haga una diferencia cuando tantos están condenados?”, preguntó el escritor.
El pequeño recogió otra estrella de mar, la arrojó de nuevo al océano y dijo: “¡Va a marcar una gran diferencia para esta!” Eisley dejó al niño y se fue a casa para seguir escribiendo, solo para descubrir que no podía escribir una sola palabra. Así que regresó a la playa y pasó el resto del día ayudando al niño a arrojar estrellas de mar al océano”).
Ahora me doy cuenta de que incluso si solo un alma se arrepiente y acepta a Cristo, es más que suficiente para marcar la diferencia. Claro que no cambié el mundo en estos últimos años, pero aquellos pocos que escucharon y aceptaron el Evangelio pusieron su perspectiva del mundo patas arriba.
Hizo falta una mujer adúltera que le habló a Jesús junto al pozo para que todo un pueblo se convirtiera en seguidores de Cristo. Fue necesario que un Jonás rebelde le predicara al rey de Nínive para que toda la ciudad se arrepintiera. Hizo falta un Moisés inseguro para enfrentarse al Faraón y liberar a más de 3 millones de judíos de 4 siglos de esclavitud, y una Ester asustado para enfrentarse al rey y detener la aniquilación total del pueblo hebreo.
Quizás la próxima persona que acepte a Cristo a través de nuestra labor sea el próximo Moisés, Jonás o Ester. Nuestro trabajo no es en vano.
Cada persona que llega a escuchar nuestro mensaje tiene el potencial de cambiar su nación para Dios si solo se somete al poder del Espíritu Santo. ¿Eres tú esa persona?
Oraciones
• Padre Celestial, Tú eres el que ama la justicia y el juicio, el Señor que habla justicia y declara lo recto, el que saca a la luz Su juicio.
• Gracias Señor que nuestro trabajo en Ti no es en vano y que veremos los frutos de nuestro trabajo.
• Pedimos perdón si no somos capaces de ver el gran plan que tienes. Si tenemos lastima propia por lo que los demás esperan de nosotros.
• Queremos ver cuán preciosa es cada alma para Ti y que incluso un alma salvada vale la pena toda una vida de sacrificio.
• Ayúdanos a ser firmes, constantes, siempre abundantes en la obra por ti, oh Señor.
• Declaramos que cada alma que tocamos será transformada por el poder de tu Palabra y la llenura del Espíritu Santo.
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• Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesús. Amén